Para mí el problema central de las organizaciones chilenas no es estratégico ni tecnológico. Es de identidad.
Las empresas heredaron un paradigma industrial — el fordismo del siglo XX — y siguen operando con sus reglas. Estandarización, supervisión vertical, gestión por control. Pero el mundo en que operan es una economía de servicios, donde el valor lo coproducen el proveedor y el usuario, y donde la calidad ya no es siempre igual — es siempre ajustada al cliente.
Cuando dos paradigmas chocan dentro de una misma empresa, lo que se rompe primero es la gente. Aparecen el burnout, los silos, la resistencia al cambio, la pérdida de talento clave.
Mi trabajo es acompañar a las organizaciones a hacer el duelo del paradigma anterior y construir el nuevo. No con consultoría operacional. Con un enfoque psicodinámico aplicado a sistemas — que en 34 años ha demostrado ser la única vía sostenible cuando las soluciones técnicas ya se intentaron.